Sentado en el túnel de salida del vestuario, con la mirada fija en la cancha, Maximiliano Martínez observa el partido entre el “Rojo” de Villa Alem y San Martín de Formosa por la tercera fecha del Federal A. No juega, no se levanta, no habla demasiado. Mira. Analiza. Espera. La escena lo describe mejor que cualquier frase: está de vuelta en Tucumán, pero en un contexto distinto, en otro momento de su carrera y con un nuevo objetivo.
El ex defensor de San Martín, parte de un proceso histórico en el club de La Ciudadela que derivó en el ascenso a Primera en 2018, fue confirmado como refuerzo de Tucumán Central, que se prepara para afrontar su primera experiencia en una competencia nacional. Y en ese regreso hay una mezcla de sensaciones: la alegría de volver a un lugar conocido y el desafío de empezar de nuevo.
“Estoy muy feliz de volver a Tucumán, a un club tan grande de la provincia como Tucumán Central”, cuenta Martínez, todavía con ese tono sereno que lo acompaña desde sus primeros pasos como profesional.
No es una frase de compromiso. Es, más bien, una declaración que conecta con su historia reciente y con el vínculo que construyó en la provincia.
Porque Tucumán no es un lugar más en su carrera. Es un territorio que le devuelve recuerdos. “Al estar en Tucumán vuelven muchas cosas. Pasé momentos muy lindos, ocho años no es poco. Soy hincha de San Martín y siempre le deseo lo mejor”, reconoce. No hay tensión en sus palabras, sino una especie de reconocimiento natural de lo vivido.
Expectativas
Su llegada a Tucumán Central no fue casual. Desde afuera, siguió el crecimiento del club. “Uno estando lejos sigue a los equipos tucumanos. El nombre de Tucumán Central empezó a sonar fuerte en el Regional y como futbolero lo empecé a mirar. Me gustó la idea de un club con tanta historia que pueda dar el salto a nivel nacional”, explica. Esa evolución, sumada al interés de los dirigentes, terminó de convencerlo. Aunque todavía debe esperar: su pase está bajo el poder de Santamarina de Tandil y llegará en los próximos días. Fabricio Bedmar, central ex Atlético, también está en la misma situación: fue uno de los últimos refuerzos y espera con ansias la habilitación para calzarse el manto “rojo”.
En ese sentido, Martínez sabe que el escenario es distinto al que le tocó vivir en otros momentos de su carrera. Tucumán Central debutará en una categoría exigente, con rivales experimentados y un ritmo competitivo alto. Por eso, su análisis es claro y sin euforias. “Es una etapa de aprendizaje para el club. Primero hay que pensar en mantener la categoría y, a partir de ahí, ver para qué estamos”, indica.
La frase no suena conservadora, sino realista. Es la voz de alguien que ya transitó distintos niveles del fútbol argentino y entiende que cada paso requiere tiempo.
“Es una categoría muy competitiva, muy sana. Te exige al máximo y te obliga a competir con las mismas ganas de siempre”, agrega.
Mientras tanto, su rol también pasa por adaptarse y aportar desde la experiencia. En los primeros entrenamientos, empezó a tomar contacto con sus nuevos compañeros y con la idea del cuerpo técnico. “De a poco vamos conociéndonos, entendiendo lo que quiere el entrenador y tratando de aportar lo que uno tiene”, explica.
La escena inicial vuelve a cobrar sentido. Martínez, sentado en el túnel, observando el partido, no está al margen: está en proceso. Es parte de un equipo que empieza a escribir su historia en el Federal A y que necesita de jugadores que entiendan el contexto.
No hay urgencias desmedidas, pero sí una expectativa clara. Tucumán Central quiere consolidarse, competir y sostenerse. Y en ese camino, la presencia de futbolistas como Martínez puede ser un punto de apoyo.
Su historia en Tucumán ya tuvo capítulos importantes. Ahora, busca escribir uno nuevo. Distinto, pero con el mismo espíritu. Porque a veces el fútbol no se trata solo de empezar de cero, sino de saber en qué momento volver a empezar.